Psicología sistémica y Coaching

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Hablemos de amor

Parlem d'amor

El amor es necesario. Es tan importante en nuestras vidas que las más grandes obras de la literatura universal, la música y el cine han hecho del amor el tema fundamental. A pesar de esto, si miramos alrededor, la desconfianza es el sentimiento que primero aparece cuando un extraño se nos acerca. El otro día necesité ayuda en la carretera y lo pude comprobar.

Hace décadas se hacían experimentos con humanos o animales que ahora no estarían permitidos por cuestiones éticas. Pero las conclusiones son muy impactantes. Por ejemplo, durante los años sesenta, Harry Harlow experimentó con monos las consecuencias de la separación de los progenitores. Cuando a las crías de macaco se las separaba de la madre, pasaban más tiempos abrazados a un muñeco de peluche suave que a un muñeco de alambre con un biberón, al cual acudían sólo cuando tenían hambre. Las consecuencias de la ausencia de afecto mantenidas en el tiempo generaban angustia, inseguridad y miedo. Esto demostró que, así como la alimentación es necesaria para el mantenimiento del cuerpo, el afecto lo es para la buena salud psico-emocional de los mamíferos. Y no olvidamos que el ser humano es un mamífero (os recomiendo la lectura del libro de Michel Odent, “El bebé es un mamífero”, ed. Ob Stare).

Compruebo a menudo en mi consulta los estragos que provoca la ausencia de afecto en los seres humanos. Muchos adultos presentan una autoestima baja, a consecuencia de la carencia de amor. En la niñez les faltó contacto, afecto íntimo, reconocimiento, apoyo; en cambio, les sobró desprecio, rigidez o desatención. Esta carencia les ha dejado un vacío -que se lleva en silencio o de manera inconsciente la mayoría de las veces-, que les vuelve enormemente demandantes de afecto y trasladan a la pareja la responsabilidad de sentirse queridos. Al final, las parejas se separan porque no han sido capaces de quererse “mejor” y, por amor, es preferible que se separen. No sirve de nada culpar a los padres. Hay que aceptar que nos dieron lo que tenían o podían; pero nosotros, como padres, podemos ser conscientes de las consecuencias de la carencia de amor en los hijos. También podemos darnos cuenta que una tendencia automática inconsciente es la de repetir los patrones recibidos de la familia; patrones no siempre saludables.

Considero que una de las responsabilidades más grandes para los padres es la de crear un ambiente amoroso en casa. Este amor tiene que empezar en un mismo. De hecho, si no me amo, convierto mi amor hacia los demás en demanda. Después, amar a la pareja, que es una consecuencia del respeto, el interés y la buena comunicación mutua. Y más tarde a los hijos, que no es sobreprotección, sino apoyarlos y darles oportunidades para que aprendan (no olvidamos que son aprendices). Sí, es un peligro considerar que, con haberles dado el biberón (necesidades materiales), hay suficiente.

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